Del átomo al hombre (I): moléculas replicantes

Después de un mes vuelvo por estos lares. Voy a enlazar una serie de entradas que pueden ser un poco pesadas para el lector al que no le entusiasmen estos temas de la misma manera que a mí, pero he de decir que van a ser claves para entender mis posteriores afirmaciones sobre el comportamiento humano en la sociedad. Para los que hayan leído el libro, digo que estas entradas serán un resumen de los primeros capítulos de El gen egoísta de Richard Dawkins; eso sí contado a mi manera y con mis palabras. Aún no he acabado el libro, o sea que al final de escribir estos prolegómenos,  después el contenido ya sí propio de mi cabeza, quizás no añada nuevo al libro (o peor aún, lo contradiga), así que pido disculpas con antelación. Con esto quiero que se vea el transfondo bioquímico y, en última instancia, físico que subyace al ser humano. Aconsejo la lectura atenta y comprensiva, y las cosas que no se entiendan o mis meteduras de pata, pues ponéis un comentario.

Todas y cada una de las cosas que existen en nuestro planeta están constituidas por átomos. Todo. El agua de los mares, los peces que viven en ellos, el aire que respiramos, el suelo que pisamos… hasta nosotros mismos, por supuesto. Bueno, esto no creo que sea novedad para nadie.

Pero, ¿qué es exactamente un átomo? Podemos separar el átomo en dos partes: un núcleo situado en el centro del mismo, que tiene carga eléctrica positiva, y una corteza de electrones (con carga eléctrica negativa) que orbitan alrededor del núcleo. Los átomos se asocian entre sí gracias a esta diferencia de cargas. Para los más profanos, se puede pensar en ello como imanes que encuentran un equilibrio entre atracciones y repulsiones.

Los átomos se agrupan formando moléculas. Ejemplos de moléculas son las del agua (H2O, dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno) u otra más grande como la glucosa (C6H12O6). La molécula de agua tiene 3 átomos, mientras que la de glucosa tiene 24. Hay moléculas de miles de átomos, y éstas son las que forman la base de la vida (las proteínas o el DNA, por ejemplo).

Bajo ciertas condiciones las moléculas interaccionan entre sí intercambiándose átomos u electrones y, lo que es más importante, energía. Algunas reacciones necesitan un aporte de energía (ya sea luz o calor) para ocurrir, mientras que otras liberan energía. Un ejemplo es la respiración celular, donde la glucosa almacenada en las células reacciona con el oxígeno que respiramos dando lugar a agua, dióxido de carbono (que expulsamos por las vías respiratorias) y energía; la energía que nos permite movernos. Un ejemplo de reacción que necesite energía es justo la inversa, la fotosíntesis de las plantas, que toman el dióxido de carbono y agua del medio y, con el aporte energético de la luz del sol, sintetizan glucosa y oxígeno.

Vale. Ahora echemos la vista atrás, a una época anterior a que cualquier ser vivo apareciera en nuestro planeta. En esos tiempos, la Tierra era un caldo químico, con condiciones ambientales (presión y temperatura) más extremas que ahora. En todo el planeta ocurrían reacciones químicas creando nuevas sustancias que aún no habían aparecido en la joven Gea.

Imaginémonos por un momento que se llega a sintetizar, de forma totalmente azarosa, una molécula tal que es capaz de reaccionar con otras dando como resultado un replicado de sí misma. Algo como A + B + C –> 2A. Está claro que mientras haya cantidad suficiente de “ingredientes” (en el ejemplo, B y C) esta molécula se replicará sin fin.

Ahora supongamos que aparece otra molécula que hace lo mismo. Por ejemplo A’ + B’ + C –> 2A’ (la C no lleva prima, es la misma que en la reacción de A). Después de un tiempo suficientemente largo, ¿cuál de las dos se impondrá? Es decir, ¿de cuál de las dos habrá más cantidad? Pues depende de varios factores. Por ejemplo, de la cantidad de B y B’. Si hay mucho B a disposición de A, pero poco B’ a disposición de A’, entonces está claro que la producción de A’ será menor que la de B. También depende de la velocidad a la que ocurre la reacción. Si, por ejemplo, A’ es capaz de reaccionar más rápido que A, se impondrá. Esto es consecuencia de que ambas luchan por un recurso común, C. Éste es el caso más elemental y primario de selección natural. Se impondrá aquella molécula que tenga mayor disponibilidad de recursos y mayor capacidad para adquirirlos/asimilarlos. Recordemos que las moléculas no piensan ni se mueven motu propio ni nada por el estilo. Son átomos agrupados, y se comportan como los imanes: se atraen o repelen (se asocian o disocian) según la naturaleza de lo que tengan en su entorno.

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